¿Por qué sin gluten?

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Parece que existe una moda del gluten free y que mucha gente sigue una dieta sin gluten sin ser celiaco. Lo hacen por adelgazar y porque dicen que es más sano; que alivia la diabetes, mejora el colesterol, reduce la inflamación, la artritis….

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La dieta sin gluten es difícil de seguir y es algo más cara. Por ello, debería reservarse para quienes realmente se puedan beneficiar de ella: los pacientes celiacos y los que padecen sensibilidad al gluten no celíaca.

Es cierto que si reducimos alimentos de la dieta estamos reduciendo el aporte calórico. Y una dieta sin gluten puede ser muy energética. Para adelgazar hay que reducir las calorías o aumentar el gasto energético. Suele ser más interesante disminuir el aporte de grasas, que es el nutriente con mayor valor energético (9 Kcal por gramo).

Algunos alimentos que contienen gluten tienen un índice glucémico elevado, como por ejemplo, el pan blanco. No ocurre así con el pan integral o con el de centeno, o con la pasta cocinada al dente, que tienen índice glucémico bajo.

El gluten tampoco eleva el colesterol ni contiene grasa poco saludable. Existen alimentos que contienen harinas y también contienen grasas saturadas, pero el elemento nocivo es precisamente la grasa saturada.

Esta es una enfermedad descrita recientemente en la que, a diferencia de la celíaca, el estudio serológico y la biopsia intestinal son negativos.

La prevalencia de esta entidad es elevada y cursa con síntomas digestivos, como dolor e hinchazón abdominal, diarreas, estreñimiento… Estos pacientes presentan mejoría al hacer dieta sin gluten y vuelven a recaer cuando se reintroduce el gluten.

El trigo ha sido la base de la alimentación humana durante siglos. Por ello, el emblema de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), es una espiga de trigo.